Safo poetisa griega
que vivió hace unos 2.600 años en la Isla de Lesbos, situada en el Mar Egeo. Se
calcula su nacimiento entre los años 630 y 612, mientras que su muerte se fecha
alrededor del 570. No existe ninguna fuente histórica contemporánea sobre su
vida aparte de sus poemas.
Nació en la aldea lesbia de
Eresos, aunque más tarde se trasladó a la capital Mitilene, procedía de una
familia noble y adinerada. Tenía tres hermanos, todos menores que ella.
Safo participó asiduamente en las luchas polítcas que tuvieron lugar en Lesbos,
y cargó muy duramente contra el tirano Pítaco. Estuvo implicada en una
conspiración para matarlo, junto a Alceo y otros camaradas, y que descubierta
esa conspiración, Pítaco les mando arrestar. Aunque finalmente les perdonó la
vida, a cambio hubieron de partir al exilio.
Vivió en Sicilia
exiliada durante al menos seis años. El exilio resultó bastante positivo para
su desarrollo intelectual, pues le permitió viajar e ilustrarse con el contacto
de otras culturas. En Sicilia se casó con Kerkilos, un rico mercader con el que
tuvo una hija llamada Kleis, y se convirtió en el centro de la vida cultural y
artística de esta ciudad. Su marido era un hombre ya mayor y murió al poco tiempo,
dejándole una gran herencia.
Al cabo del tiempo Pítaco
levantó el castigo, y Safo pudo regresar a Lesbos, lo mismo que Alceo y los
otros conspiradores. En realidad estos acabaron respetando a Pítaco, que
despues de todo fue un buen gobernante, hasta el punto de que cuando este murió
la propia Safo tuvo palabras elogiosas para él en su funeral.
Fundó una especie de escuela
o academia, al estilo de Platón, en la que enseñaba arte, canto, danza y
literatura, a un grupo de mujeres jóvenes.
Se sabe que Safo amó tanto a
mujeres como a hombres, algo que entre los antiguos griegos se consideraba
aceptable, y en sus versos cantó su amor hacia las mujeres sin tapujo
alguno.
Como es bien
sabido el nombre Lesbos, es el origen del término lesbianismo.
Conocemos los
nombres de algunas de sus amadas, pero su alumna favorita siempre fue Atthis.
Cuando la familia de Atthis decidió retirarla de la enseñanza para casarla con
un muchacho, la poetisa, pesarosa por la separación, escribió el doloso
poema El Adiós a Atthis.
Casi toda su
poesía está dedicada a mujeres, y alguna a sus hermanos. En total escribió
nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero
apenas se conserva una mínima parte de ellos. Su poema más importante es
la Oda a Afrodita. Parece
ser que en el año 1.073 d.c. el Papa Gregorio VII ordenó quemar todos los
manuscritos con los poemas sáficos, considerados inmorales y pecaminosos, con
lo que se perdió para siempre una parte de su obra.
A partir de su
obra conocida sabemos que Safo rendía culto a Afrodita, la diosa del amor y de
la belleza. Su poesía se caracteriza por su sencillez, intimismo y sentimiento.
Los versos son tan apasionados como simples, y dejan clara constancia de su
atracción y relación con otras mujeres, aunque hay que decir que Safo también
tuvo amantes masculinos, especialmente el poeta Alceo, del que habla en sus
poemas.
Su obra más destacada es, como ya hemos dicho, la Oda a
Afrodita, en la cual Safo, hablando en primera persona, pide a la diosa que le
sean otorgados los amores de alguien. Para Safo Afrodita es la diosa que
concede los favores amatorios, es la confidente, la que intercede, la que acude
cuando el sentimiento amoroso conduce a la locura.
La obra sáfica es por lo tanto revolucionaria en cuanto
estructura una visión de mundo desde el paradigma femenino, subvirtiendo la
mirada masculina que caracterizaba la Edad Arcaica. El mundo heroico, brusco y
fuerte de la poesía épica y las gestas militares del pasado, da paso a uno
sensible, delicado y suave, es decir, femenino. Safo adopta en su obra una
posicion subjetiva, tomando como objeto de su arte su propia interioridad;
vaciaba su propia alma en el molde de los versos, para que los demás nos
identificáramos o nos disociáramos de ella.
Sus poemas llevaban el sello característico personal de una Safo que nunca imitó a nadie, y que buscaba la perfección simple y la belleza más exquisita, todo plagado de intensidad y sentimiento. Su gran conocimiento de la música y la danza le permitieron crear ritmos y metros nuevos, especialmente la conocida como estrofa u oda sáfica, que consiste en tres endecasílabos y un adónico final de once sílabas.
Es importante agregar que las composiciones líricas de los
antiguos griegos no se hacían unicamente para ser leídas, sino para ser
cantadas y acompañadas por algún instrumento musical ya fuere la flauta, la
lira o la cítara. Así, el poeta o la poetisa creaba el poema y también componía
la música y, en el caso de Safo, célebre danzante, hasta los pasos de la danza
para acompañarla.
Sobre la muerte de Safo también circula la leyenda de que tras ser rechazada por un joven marino, se suicidó arrojándose desde un acantilado en la Isla de Léucade. Sin embargo esto no tiene mucha credibilidad, pues no se corresponde con la personalidad de una Safo ya madura y que en sus últimos poemas se muestra como una mujer en paz consigo misma y con la naturaleza que la rodea.
Estatua de Safo en Mitilene
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