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jueves, 2 de octubre de 2014

Safo de Lesbos

Safo  poetisa griega que vivió hace unos 2.600 años en la Isla de Lesbos, situada en el Mar Egeo. Se calcula su nacimiento entre los años 630 y 612, mientras que su muerte se fecha alrededor del 570. No existe ninguna fuente histórica contemporánea sobre su vida aparte de sus poemas.
Nació en la aldea lesbia de Eresos, aunque más tarde se trasladó a la capital Mitilene, procedía de una familia noble y adinerada. Tenía tres hermanos, todos menores que ella.
              Safo de Lesbos
 Safo participó asiduamente en las luchas polítcas que tuvieron lugar en Lesbos, y cargó muy duramente contra el tirano Pítaco.  Estuvo implicada en una conspiración para matarlo, junto a Alceo y otros camaradas, y que descubierta esa conspiración, Pítaco les mando arrestar. Aunque finalmente les perdonó la vida, a cambio hubieron de partir al exilio. 
Vivió en  Sicilia exiliada durante al menos seis años. El exilio resultó bastante positivo para su desarrollo intelectual, pues le permitió viajar e ilustrarse con el contacto de otras culturas. En Sicilia se casó con Kerkilos, un rico mercader con el que tuvo una hija llamada Kleis, y se convirtió en el centro de la vida cultural y artística de esta ciudad. Su marido era un hombre ya mayor y murió al poco tiempo, dejándole una gran herencia.
Al cabo del tiempo Pítaco levantó el castigo, y Safo pudo regresar a Lesbos, lo mismo que Alceo y los otros conspiradores. En realidad estos acabaron respetando a Pítaco, que despues de todo fue un buen gobernante, hasta el punto de que cuando este murió la propia Safo tuvo palabras elogiosas para él en su funeral.
Fundó una especie de escuela o academia, al estilo de Platón, en la que enseñaba arte, canto, danza y literatura, a un grupo de mujeres jóvenes.
Se sabe que Safo amó tanto a mujeres como a hombres, algo que entre los antiguos griegos se consideraba aceptable, y en sus versos cantó su amor hacia las mujeres sin tapujo alguno. 
Como es bien sabido el nombre Lesbos, es el origen del término lesbianismo.
Conocemos los nombres de algunas de sus amadas, pero su alumna favorita siempre fue Atthis. Cuando la familia de Atthis decidió retirarla de la enseñanza para casarla con un muchacho, la poetisa, pesarosa por la separación, escribió el doloso poema El Adiós a Atthis.

Casi toda su poesía está dedicada a mujeres, y alguna a sus hermanos. En total escribió nueve libros de odas, epitalamios o canciones nupciales, elegías e himnos, pero apenas se conserva una mínima parte de ellos. Su poema más importante es la Oda a Afrodita. Parece ser que en el año 1.073 d.c. el Papa Gregorio VII ordenó quemar todos los manuscritos con los poemas sáficos, considerados inmorales y pecaminosos, con lo que se perdió para siempre una parte de su obra.
A partir de su obra conocida sabemos que Safo rendía culto a Afrodita, la diosa del amor y de la belleza. Su poesía se caracteriza por su sencillez, intimismo y sentimiento. Los versos son tan apasionados como simples, y dejan clara constancia de su atracción y relación con otras mujeres, aunque hay que decir que Safo también tuvo amantes masculinos, especialmente el poeta Alceo, del que habla en sus poemas.
            Safo de Lesbos 
Su obra más destacada es, como ya hemos dicho, la Oda a Afrodita, en la cual Safo, hablando en primera persona, pide a la diosa que le sean otorgados los amores de alguien. Para Safo Afrodita es la diosa que concede los favores amatorios, es la confidente, la que intercede, la que acude cuando el sentimiento amoroso conduce a la locura.
La obra sáfica es por lo tanto revolucionaria en cuanto estructura una visión de mundo desde el paradigma femenino, subvirtiendo la mirada masculina que caracterizaba la Edad Arcaica. El mundo heroico, brusco y fuerte de la poesía épica y las gestas militares del pasado, da paso a uno sensible, delicado y suave, es decir, femenino. Safo adopta en su obra una posicion subjetiva, tomando como objeto de su arte su propia interioridad; vaciaba su propia alma en el molde de los versos, para que los demás nos identificáramos o nos disociáramos de ella.

Sus poemas llevaban el sello característico personal de una Safo que nunca imitó a nadie, y que buscaba la perfección simple y la belleza más exquisita, todo plagado de intensidad y sentimiento. Su gran conocimiento de la música y la danza le permitieron crear ritmos y metros nuevos, especialmente la conocida como estrofa u oda sáfica, que consiste en tres endecasílabos y un adónico final de once sílabas.
Es importante agregar que las composiciones líricas de los antiguos griegos no se hacían unicamente para ser leídas, sino para ser cantadas y acompañadas por algún instrumento musical ya fuere la flauta, la lira o la cítara. Así, el poeta o la poetisa creaba el poema y también componía la música y, en el caso de Safo, célebre danzante, hasta los pasos de la danza para acompañarla.

Sobre la muerte de Safo también circula la leyenda de que tras ser rechazada por un joven marino, se suicidó arrojándose desde un acantilado en la Isla de Léucade. Sin embargo esto no tiene mucha credibilidad, pues no se corresponde con la personalidad de una Safo ya madura y que en sus últimos poemas se muestra como una mujer en paz consigo misma y con la naturaleza que la rodea.
Safo de Lesbos
Estatua de Safo en Mitilene

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